Si no conoces Nueva York y te interesaste por ella no
creo que te vaya a descubrir nada nuevo, será mejor
que vayas y lo compruebes por tu propia experiencia, sólo
quiero trasladarte mis sensaciones respecto a todos esos
lugares comunes con infinita información que recibimos
por los medios visuales, porque ¿se puede explicar
tu impresión al ver en la aduana del aeropuerto
un policía con un turbante hablando con otro de
rasgos típicamente asiáticos y que otro
te despida en perfecto y amable español (allí
existe el español como idioma) –¡bienvenido
a los Estados Unidos!- ? Has entrado en la torre de Babel.
Y NY es eso, una infinita torre de Babel que contiene
bajo una misma bandera a casi 20 millones de personas
censadas, con una densidad de población de 10.482
hab./km² , en ambos casos diez veces lo que aporta
Barcelona; pero no es en los datos en los que quiero apoyar
mi relato, baste decir que todos son descomunales…..bueno,
quizá uno sea nuevo: todo el Principado de Mónaco
cabe en el Central Park.
Coger la línea tres norte de metro , cochambroso como
pocos, donde los “workers” son…..gallegos
y maldicen en perfecto “español”, te lleva
al mismo corazón de Harlem y, si es domingo, todos
los oficios religiosos te esperan a ritmo de Gospel con coros
de cincuenta voces negras que hacen no arrepentirte de quedarte
a oír la incendiaria homilía de la oficiante
invitada coreada al ¡¡OUH YES!! de su feligresía
vestida con sus mejores y coloridas galas y levantando los
brazos. No pasa nada porque des dos dólares al cepillo
del gigante que te pasa la bandeja,…te enseñará
su magnífica dentadura y después ¡¡OUH
YES!! hará que la sacerdotisa se percate de tu presencia,
te salude y te invite a quedarte a tomar el té y las
pastas después de los oficios junto a una señora
de cara bondadosa y sombrero espantoso de lentejuelas granate
que no ubica muy bien España en el mundo -¿es
un sitio pequeño en África?- ¡¡OUH
YES!!. Pasear por la Avenida Lenox o Duke Ellinton es imprescindible
para encontrar a alguien que te venda Jazz y llevarte su corazón.
Pero esto es NY, no pares el lunes y vete a ver los esclavos
del s.XXI, detén tu “body” en Wall Stret,
verás que hay mucha gente que come muy muy mal mientras
otros nos dedicamos a hacerles fotos, pero ellos no me interesan,
son mi propio reflejo y me acerco al gigantesco agujero
que han dejado las torres gemelas donde monstruosas palas
mecánicas de nombre “Honor America” intentan
devolvernos la tranquilidad bajo la atenta mirada de las
fotos de los bomberos fallecidos un 11 de septiembre: “GOD
BLESS THEM”. Pronto se me pasa la nostalgia al ver
una magnífica Harley de la policía neoyorquina
junto a su conductor que accede a ser fotografiado, y al
marcharse entre el rugido de sus 1.200 cc. me grita ¡¡¡me
pagan por esto!!!.
Mañanita a la South Ferry Station para ir “por
la cara” a Staten Island y pasar por delante la Estatua
de la Libertad cuya islita está pegada a otra menos
conocida pero, para mí, mucho más importante:
la Isla de Ellis, por la que pasaron una dolorosa cuarentena
millones de inmigrantes antes de ser admitidos en los Estados
Unidos durante el siglo XIX. Más de 100 millones
de ciudadanos actuales tienen antepasados que sufrieron
este trámite.
Y si quise sentir más aun NY me subí
al piso 86 del Empire en un día soleado donde la
cálida y entrañable Raquel me brindó
su voz a través de una grabación para mostrarme
los cuatro puntos cardinales y sus propias emociones como
hija de inmigrantes; deliciosos sus recuerdos y los míos.
Pero, no hay que detenerse, me esperan la fiesta de San
Patricio rodeado de miles de policías de origen irlandés
desfilando por la Quinta Av. donde se encuentra la catedral
que le debe su nombre en frente del edificio del Rockefeller
Center, avenida en la que se encuentra la tienda de Tiffani,
donde se detuvo Audrey Hepburn en “Desayuno con diamantes",
al ritmo de gaitas y trompetas y la visita a Brooklyn para
volver al atardecer cruzando su puente andando haciendo
maravillosa fotos del “sky line” de Manhattan
reflejando la luz desde las fachadas de cristal de sus edificios.
Si me has seguido por este paseo rápido quizá
deba recomendarte un café, en el Soho Grand Hotel,
o en el recuperado y elegante Meatpacking District, su café
y sus tiendas, no me defraudaron y fueron comparables a
la copa en el Avalounge Café del rascacielos que
domina Broadway con sus infinitas luces.
Pero, soy pueblo y me gustó despedirme con tranquilidad.
Sentado en las escalinatas del Metropolitan, escuchando
el coro mejor coordinado de voces que haya oído,
me prepararon para mi último paseo por Central Park
y ver su vida y su variedad, conviviendo sin molestarse
ni hacer gestos raros por mantener sus identidades. I love
NY.
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