Si creciste con las historias de Tintín y su adorable
mascota Milú, no tengo que recordarte los agradables
recuerdos de unos relatos cargados de emoción y
fantasía en lugares tan exóticos y lejanos
de nuestra cultura como Tonkín (hoy la mayor parte
del norte de Vietnam) o Saigón (actualmente conocida
con el poco romántico nombre de Ciudad Ho Chi Minh,
al norte del delta del río Mekong). Recorrer, literalmente,
medio mundo y cubrir los casi 11.000 km. de distancia
que nos separan para alcanzar esa fantasía infantil
y hacerla una realidad, sin duda, merece la pena; ni Vietnam
ni los vietnamitas te decepcionarán.
Metida en la península de Indochina, nombre que
dieron los franceses a sus colonias de Asia y que hoy
comprende Camboya, Vietnam, Laos, Birmania y Tailandia,
bañan sus más de 2.000 km de costa, el siempre
cálido y no menos lleno de historias fantásticas,
Mar de China Meridional.
Más de 87 millones de almas, que menciona su censo,
te parecerán pocas cuando “pasees” (si
puedes) por los barrios antiguos y populosos de cualquiera
de sus inmensas ciudades, Hanoi y Saigón. Y jamás,
sea cual sea la hora o día de la semana, dejarás
de ver bicicletas y pequeñas motos con cargas imposibles
de camino hacia los infinitos mercados, cuyos horarios de
apertura y cierre se van solapando hasta hacer un continuo
trasiego de mercancías y personas las veinticuatro
horas del día; todo a un asfixiante calor y humedad
que pueden hacerte necesitar casi tres litros de agua al día
que se distribuyen por todos los poros de tu cuerpo hasta
sentirte bañado en tu propio sudor de forma permanente.
Y, sin embargo, la calma la encontrarás, como en ningún
otro lugar, entrando en cualquiera de las miles de pagodas
y templos budistas que salpican todo el país; allí,
por escasos céntimos de euros, o gratis, tendrás
el placer de encender el incienso que te ofrecen y podrás
pensar en una vida espiritual y trascendente que te anima
a recordar a familia y seres queridos de una manera especial
para desearles la mejor de las venturas.
Pero la vida y el movimiento
esperan fuera y allí, resignado a renunciar a tu
paseo, tendrás la oportunidad de ver el mundo a la
velocidad que marca el pedalear de un ciclotaxi y no te
lamentarás, descubriendo que es la mejor y más
barata forma de trasladarse en ese tumulto que te deja perplejo
por su ordenado desorden en todas las rotondas sin semáforos
ni señales, abriéndose paso aquella riada
de motillos a golpe de pitada, organizando un estruendo
imposible de creer. Pura esencia de vida en un mundo donde
el ser humado ocupa la categoría de plaga ante la
abundancia natural de sus recursos.
También ofrece Vietnam lugares donde la vida local
sosegada hacen más amable la visita y, en ese sentido
no olvides visitar Hoi An, pequeña ciudad en la costa
del mar de la China Meridional, donde ya en el siglo I,
la ciudad disponía del mayor puerto del sureste asiático,
japoneses, holandeses e indios se asentaron en ella y en
el año 1999, la ciudad antigua fue declarada Patrimonio
de la Humanidad por la Unesco. Ciudad de los sastres de
confección rápida y telas preciosas, su vocación
comerciante te envolverá y creerás ver pasar
al capitán Haddock corriendo tras alguno de los misterios
de las historias de gran autor belga Georges Remi (Hergé).
Y cuando crees que el paisaje
y la naturaleza no pueden ofrecer mejores regalos y que
nada puede hacerte alcanzar mayores cotas de placer, descubres
la bahía de Ha-Long. Un lugar que ni el mejor y más
sublime de los paisajistas se hubiera a atrevido a soñar.
Una extensión de agua de aproximadamente 1.500 km²,
salpicada por casi 2.000 emergentes peñas calizas
de distintos tamaños y formas, hacen creer la leyenda
local, según la cual hace mucho tiempo, cuando los
vietnamitas luchaban contra los invasores chinos provenientes
del mar, el Emperador de Jade envió una familia de
dragones celestiales para ayudarles a defender su tierra.
Estos dragones escupían joyas y jade. Las joyas se
convirtieron en las islas e islotes de la bahía,
uniéndose para formar una gran muralla frente a los
invasores, y de ese modo lograron hundir los navíos
enemigos. Tras proteger su tierra formaron el país
conocido como Vietnam. Así, Ha Long significa “dragón
descendente”.
Si viajar es buscar tu sueño, yo aquí lo he
encontrado.
Agradezco a Viajes Ámbar por su magnífica
atención y coordinación, a la oficina de turismo
de Lao Cai que atendió mi desesperación para
conseguir los billetes de tren que necesitaba, a los distintos
guías que supieron satisfacer, en un simpático
inglés, todas mis curiosidades, en particular a Hong
Son en Sapa, y muy especialmente a la niña vendedora
del mercado de Ho Ian, Dang Thi, que puso su sonrisa y esperanza
al servicio de que alguno de mis alumnos la escriban desde
el otro lado del mundo al que ella nunca tendrá la
oportunidad de viajar, también ella estuvo presente
en mis ofrendas de incienso junto con los míos.
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