Su forma y tamaño son parecidos a los de la cigüeña blanca o común, de la que se diferencia por su plumaje negro lustroso en el que destacan las partes inferiores blancas. Los jóvenes tienen las plumas de la cabeza, cuello y buche pardo mate, con las puntas claras; por encima son pardo oscuro casi sin reflejos. No existe dimorfismo sexual.
Nidifica en la Península Ibérica, Francia, Bélgica, Alemania, Grecia y Luxemburgo (3, 4). En Portugal se encuentra en lugares muy concretos de los valles de los ríos Duero, Tajo, Guadiana y sus afluentes a lo largo de la frontera con España (5). En Francia, en Franche-Comté y Aujon (6). En Bélgica, en la comarca de Wallonie.
En España ocupa, en general, zonas de influencia mediterránea muy poco transitadas, instalando sus nidos en cantiles, viejas encinas o alcornoques (Quercus spp.), o en repoblaciones de coníferas (Pinus spp.) cercanos a cursos fluviales, embalses o lagunas. De 123 nidos controlados durante 1987, el 60,9% se situaron en roca (1), aunque dentro de su área de distribución mundial es más frecuente la nidificación en árbol (3). Una pequeña parte de la población inverna en España. Es una especie muy sensible a las molestias.
Menos popular que la cigüeña blanca por sus costumbres solitarias y su escasez, la negra es un ave típicamente serrana y montaraz.
Las peculiaridades de su biología la han reducido en la actualidad a las más apartadas zonas de nuestra geografía, que por un lado son las menos habitadas, y por otro, les proporcionan los lugares especiales que necesitan para anidar: densos bosques de robles, alcornoques o pinos y, en zonas deforestadas, grandes cantiles poco accesibles. En cualquiera de ambos biotopos, es fundamental la proximidad de abundantes aguas, ya sean cursos fluviales, charcas o embalses artificiales.